Me miras. Te devuelvo la mirada, y me vuelves a mirar. Llevas tiempo observándome, lo sé. No porque sea mujer, sino porque, desde siempre he notado ese tipo de cosas. Bebo otro trago y, mientras hablo con quien comparto mi vodka limón, te miro otra vez. Pareces de esos hombres que conocen bien a las mujeres, quiero decir que saben como tratarlas. De esos que quizá a la tercera cita pierda el encanto. A juzgar por tu manera de moverte diría que vives solo, y por cómo hablas con aquella chica mientras te tocas el pelo es fácil saber que tienes a varias mujeres en tu vida... o al menos, en tu cama. Ahora te fijas en la camarera, una joven de unos veinte años aproximadamente, me ha bastado un segundo para ver como la desnudabas con la mirada. He conocido a muchos hombres como tú, y he tratado con varios también. Continúo observándote, me fijo en tus ojos color verde, tu pantalón desgastado y tu camiseta de cuello abierta. Apuesto a que hace años que no cambias de colonia, adoras escuchar de la boca de una mujer lo mucho que les gusta mientras te preguntan el nombre del perfume. De nuevo coinciden nuestras miradas, me levantas la copa y me guiñas el ojo derecho. Esta clase de cosas me las conozco bien, pero ya llevo tres vodkas, levanto mi copa devolviéndote el gesto. El juego se llama seducir: quien se enamore pierde.
Datos personales
- Sonia Olmos
- Nunca he creido en las casualidades, cuando sucede algo que te lleva a pensar que puedan existir yo soy de esas personas que se preguntan que habrá detrás de aquello y que buscan ese por qué. De esas que se preguntan qué es lo que empuja a dos personas a encontrarse y que piensan que el destino es lo que te sucede si tu no haces nada para cambiarlo. Por otra parte siempre he pensado que lo mejor que te puede suceder en la vida es amar y ser correspondido, y que, aunque no lo creas, la vida no siempre va al ritmo de nuestra felicidad. Con el paso de los años he aprendido que toda decisión conlleva un momento de alegría y otro momento de inevitable dolor. Y que, por mucho que nos cueste aceptarlo, como dijo John Lenon "La vida es lo que te sucede mientras tu te empeñas en hacer otros planes".
martes, 20 de septiembre de 2011
miércoles, 14 de septiembre de 2011
"(...) Eran las ocho y media de la mañana, el agua estaba totalmente transparente resaltando, de forma casi intencionada, su piel morena. El frío se veía venir con el transcurso de las olas y su pelo rubio se sumergía confundiéndose con los rayos del sol. Aun así, su sonrisa, reflejada en cada tramo del mar, no conseguía disimular la libertad conseguida que tanto ansiaba. En ese momento las olas eran sus aliadas, el sol su compañero y la tabla de surf su mayor confidente.
A las diez y cuarto salió del agua con la tabla apoyada en su cadera izquierda, aquella sensación de libertad ya era un recuerdo, demasiado cercano para dejarlo en el olvido, pero sí, un vacío e irrecuperable recuerdo. La siguiente media hora la pasó mirando al mar, haciéndose ese tipo de preguntas que, de antemano, sabemos que no tienen respuesta. Pensando en todo y a la vez en nada. Fijándose en las olas... Ordenadas, agresivas, gemelas pero a la vez diferentes entre sí. Inseparables e impredecibles, sus amigas, las olas. Cuando ya tuvo suficiente se levantó, se dirigió hacia el coche y metió la tabla en el maletero. No sabía lo que le esperaba, pero ella sabía de sobra que, al fin y al cabo, lo importante no es saber a dónde vas, sino tener claro los caminos que no vas a escoger."
14.06.09
"Enrique tenía dieciocho años cuando nos conocimos y yo era la reina de Francia. Vino desde el Norte hasta París con un cerebro como el de Aristóteles y un cuerpo como el pecado mortal. Destrozamos los Diez Mandamientos allí mismo"
martes, 13 de septiembre de 2011
Se acabó eso de levantarse a partir de las doce, o de no levantarse. Bienvenida la rutina, las pocas ganas de abrir los ojos a las siete de la mañana y aun más, de abrir un libro a las ocho. Adiós a vivir sin horarios, a no acordarte en que día vives y no molestarte en mirar el reloj. Se puede decir que dentro de poco solo veremos el agua de la ducha, y que ya no oiremos a nadie decir "¡¡¡¡¡que calor!!!!!". Atrás se quedan esas semanas en las que todos los días son sábado, mañana es miércoles, de esos en los que a principio de octubre ya piensas "¡Bien, estamos a mitad de semana!", y esque somos unos impacientes, aun no hemos empezado y ya queremos acabar...
Todo a tu alrededor ensordece. Tus labios se vuelven más gruesos, quizá un poco más rojos, comienzas a mordértelos. Otra vez esa sensación. Tus ojos se humedecen y te ciegan, entonces te muerdes más fuerte los labios, pero eso no cambia nada. El mundo parece mucho más pequeño y te gustaria gritar pero no te atreves. Comienzas a respirar un poco más fuerte y el tiempo parece pasar más rapido. Te gustaría hablar, pero prefieres estar sola. Tu pecho sube y baja, y aun no logras explicarte que es lo que pasa. De repente apoyas una mano en el corazón y respiras hondo, una o dos veces, hasta quedar igual que antes, hasta volver de nuevo. Te secas las lágrimas y te mojas los labios buscando esa tranquilidad. Te paras a pensar, ahora otra sensación. Esta vez diferente, de libertad, pero también extraña. Sientes como si hubieses estado muerta por unos segundos pero eso no quiere decir nada... o quizá si.
lunes, 12 de septiembre de 2011
... Porque las cosas no cambian, ni los lugares. Tampoco el orden del tiempo, ni las personas. Porque nada es lo que parece ser y el cielo nunca está ganado. El mundo no cambiará, nosotros jamás nos pondremos de acuerdo. Las estrellas fugaces no cumplirán tus deseos y la luna llena seguirá siendo una excusa para hacer locuras. El orden de los números nunca cambiará, ninguna mentira preferirá una verdad, y nosotros siempre iremos a lo fácil. Seguiremos buscando por qués y uniendo casualidades, continuaremos con nuestras vidas, mirando de vez en cuando hacia atrás... Negaremos lo sucedido, buscaremos razones y excusas. Pediremos perdón aunque no lo sintamos y perdonaremos sin olvidar. Seguiremos perdiendo las cosas, hablando de más. Creyéndonos dueños de aquello que no es nuestro, de lo que, en realidad y sin querer aceptarlo, no nos pertenece. Querremos aquello que no podemos tener y cuando lo tengamos simplemente ya no lo querremos. Porque esto va así, surgirán nuevas costumbres, cambiará la forma de llevar algo, la manera de hablar, las posibilidades de cada uno, e incluso el modo de vivir, pero, ¿nosotros? Nosotros no. Continuaremos amando hasta que nos duela, prometiendo aquello que no podemos cumplir, buscando razones para hacer las cosas. Soñando aquello que queremos alcanzar y que sin embargo nunca nos planteamos de manera seria hacerlo. Mirando al cielo, perdiéndonos en la oscuridad y contando inútilmente estrellas sabiendo que son infinitas... Observando las nubes al moverse, y sorprendiéndonos, como si cada día lo viésemos por primera vez. Intentando cambiar el mundo sin pararnos a pensar que quizá primero debemos cambiar nosotros mismos, y lo más triste de todo sabiendo que la gente nunca cambia... Por eso se como quiero acabar, mirando al cielo. Acariciando su color, observando las nubes, sentirlas tan cerca hasta creer que puedo tocarlas. Esperando a la lluvia, sintiendo la humedad y buscando respuestas a preguntas que ni siquiera conozco. Dejando que todo siga su curso, perdiéndome en el tiempo y su inmensidad, observando como intentan cambiar el mundo mientras que yo dejo que sea él quien me cambie a mi...
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